Mi hijo ve una sombra por las noches: por qué pasa y cuándo preocuparte

por Xavi Vall

Cada noche, lo mismo.

Tu hijo apaga la luz. Y a los pocos minutos, grita.

«Hay una sombra ahí.» Siempre en el mismo sitio. Siempre la misma forma.

Pruebas con una luz de noche. No cambia nada.

 

No es solo miedo a la oscuridad

El miedo a la oscuridad es normal. Casi todos los niños lo pasan.

Pero hay una diferencia entre tener miedo de lo que no se ve, y ver algo concreto, siempre igual, siempre en el mismo lugar.

Eso segundo merece otra mirada.

 

La pregunta clave: ¿es siempre la misma figura?

Si es siempre la misma sombra, en el mismo rincón, con la misma forma, y lo cuenta con la misma calma cada vez o asustado, ya no hablamos de simple imaginación.

También puede ser que cuando tu hij@ cierra los ojos pueda ver rostros de personas que no conoce, esto tampoco es imaginación.

 

Qué dicen los especialistas (y qué se les queda corto)

Muchos psicólogos, con razón, empiezan revisando lo obvio: luces que se proyectan, objetos que generan formas raras, algo en una película o una serie que haya visto.

Está bien que lo hagan. Es lo responsable.

Pero cuando ya se ha revisado todo eso, y la sombra o el personaje sigue ahí, semana tras semana, tu hijo se queda con el miedo, y tú sin respuesta.

 

Qué puedes hacer esta misma noche

No le digas que no hay nada. Aunque tú no lo veas.

Pregúntale con calma qué forma tiene, qué hace, si le habla, si le mira. Sin dramatizar, como quien pregunta cuando llega del colegio.

Deja una luz tenue, no para «espantar» nada, sino para que tu hijo sepa que puede ver la habitación entera si lo necesita y si te lo pide que duerma en vuestra habitación.

Y no te asustes tú delante de él. Lo que tú sientas, él lo siente también.

No es culpa de tu hijo, no le regañes, no le discutas, NO está loc@, escúchale.

 

Cuándo pedir ayuda

Si esto lleva más de unas semanas. Si tu hijo empieza a estar inquieto o hablarle a la sombra, o a esperar que aparezca. Si ya no es solo de noche.

Ahí es un buen momento para mirarlo de cerca, con acompañamiento médico y también con acompañamiento energético. No son caminos que se contradigan. Van juntos.

Si quieres contarme qué está pasando en tu casa, el primer paso es sencillo: una videollamada de 20 minutos, sin coste, para escucharte y ver juntos qué es lo que tu hijo necesita.

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