El momento que te deja sin palabras
Estás mirando fotos viejas con tu hijo. Fotos de antes de que naciera.
Señala a alguien y dice su nombre. O dice «ese es el que viene a verme». Y resulta que esa persona murió años antes de que tu hijo llegara al mundo.
Nadie le había hablado de él. No hay forma de que supiera cómo era, ni cómo se llamaba, ni ese gesto tan suyo que tu hijo acaba de imitar sin darse cuenta.
Te quedas sin palabras. Es normal.
Por qué pasa esto con más frecuencia de la que crees
No eres la única familia a la que le ha pasado. Es, de hecho, una de las experiencias que más se repiten entre familias que viven algo parecido a lo tuyo, en países y culturas distintas, sin que se conozcan entre sí.
Hay un vínculo entre generaciones que no siempre se explica con lo que ya conocemos. Y los niños, antes de que el mundo les enseñe a dejar de percibir,son más abiertos a ese vínculo que los adultos.
Qué hacer en el momento (y qué no hacer)
Lo primero: no lo interrumpas con miedo. Tu hijo no está haciendo nada malo, y no ha pasado nada malo.
Pregúntale con calma, sin darle demasiados detalles tú primero. Si tú le describes cómo era la persona antes de que él termine de contarlo, ya no sabrás si lo que dice es suyo, o si te lo devuelve porque se lo diste tú sin querer.
Deja que hable a su ritmo. Anota lo que dice, si puedes, con sus propias palabras, para no perder el detalle.
Cuando esto se repite
Si vuelve a nombrar a la misma persona, si empieza a contar más cosas, si la conexión no se apaga con el tiempo, ya no es un momento aislado. Es algo que merece acompañamiento.
Acompañamiento familiar
Esto no le pasa solo a tu hijo. Le pasa a la familia entera, aunque solo él lo vea.
Por eso trabajo siempre con el niño y con sus dos referentes principales juntos. No es un proceso que se pueda hacer a medias, ni a distancia de quien más lo acompaña en casa.
Si esto es lo que está pasando en tu hogar, el primer paso es una videollamada de 20 minutos, sin coste, para contarme con calma qué habéis vivido.